El proceso de la forma

Septiembre – Febrero 2019

 

Conocí a Robert Ferrer en Madrid, conocí directamente su obra y se produjo un acercamiento con las preocupaciones estéticas y sociales del artista. Decidida ya la muestra para el otoño de 2018, además de las conversaciones habituales, se produjo en agosto la visita al Museo Salvador Victoria por parte de Robert y Aina. Yo vi que el artista observaba el espacio y la luz con especial detenimiento y pasó a medir -ya tenía los planos de la sala- todo. La altura, la línea de iluminación de los raíles de luz, todo iba encajando en un proyecto que el artista ya tenía preconcebido o que quizás estaba gestándose en su concreción. La sala tiene un balcón que normalmente está cerrado durante las muestras, por aquello de que las luces naturales y artificiales no se llevan bien con las disposiciones clásicas de las exposiciones. Abrimos el balcón y se produjo una fascinación. Robert admiró el bello paisaje que se divisaba: una gran mole de montaña con vegetación y piedras, un riachuelo al fondo y un azul inmenso y limpio en lo alto de nuestra visión. Pidió que aquella terraza pudiera estar abierta durante la muestra, que entrara la luz cambiante en la sala para inmiscuirse con su obra. Así se hará, como no podía ser de otra manera. (…) En la muestra se presenta una única obra, sus intentos y sus esbozos. La obra tendrá un protagonismo único. Un gran friso, una gran obra de 170 x 467 x 40 cm, “Porta oberta a l’inisible” ocupa la pared frontal, las otras obras y los bocetos están junto con la luz y el espacio al servicio de la única obra, la principal. Una obra poética y lírica que recuerda la simplicidad de Miró, el movimiento del Calder, los ritmos de Palazuelo, la lírica de Sempere, la espacialidad de Malevich, de Fontana, de tantos otros. Vemos una obra que vibra, que se mueve, que se expande; una obra lírica y poética que surge de la estricta metodología del artista. Como dice Jacobo Fitz James Stuart, el trabajo de Ferrer i Martorell es manual y perfeccionista y dice también que el artista pertenece a una estirpe de meticulosos ópticos, orfebres y cirujanos. Si en sus comienzos, -lleva Robert casi veinte años exponiendo- utilizaba los colores primarios, en sus últimos trabajos se ha limitado al azul, olvidando los rojos y amarillos, y en sus combinaciones con el negro, los metales, vidrios y metacrilatos, además de los extensos blancos, logra unos efectos poéticos que nos estremecen y emocionan. Robert Ferrer i Martorell es un artista meticuloso, es un poeta que busca la luz, se desenvuelve en el espacio y se comunica con nosotros quizás mucho más con lo que no se ve que con lo que vemos. La sugerencia infinita sobrevuela en el ambiente en el que viven y se mueven sus obras. Nos encontramos en las maneras en que se ha desenvuelto el artista en la Galería Espacio Valverde y en el Instituto Cervantes de París.

Ricardo García Prats

 

 

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INDIVIDUALES